Querido amor, esta semana se cumplen tres años de tu partida. Recorro el día a día de aquel enero de 2023 en que la vida te llevó por otros caminos, con una mezcla de sentimientos y emociones.
Empezó el miércoles 4 por la noche en que sufriste el infarto. Descubro este año que esa es la fecha mas dolorosa para mi. Pasé la noche en vela en la puerta de la sala de cuidados intensivos atisbando tus pies cada vez que la puerta se abría, tratando de percibirte con vida. Ahí estuvo aquel ángel vestido de enfermera, que pese a estar prohibido, me permitió entrar a verte, hablarte, besarte, acariciarte y despedirme de ti por si decidías marcharte. Nunca olvidaré tu lágrima posada en tu párpado y el pestañeo imperceptible de tus ojos que me dijo que me habías escuchado.
Fue en esa sala de emergencias donde enfrenté la posibilidad de perderte. Me parece surreal ahora verme ahí , sola, avisando a todos lo que te había ocurrido, sentada frente a la puerta y esperanzada a que lograrán trasladarte y ayudarte. Al amanecer del 5 te trasladaron al instituto del corazón. Podía tener esperanza, decían todos, está en las mejores manos, me animaban, seguro se recuperará, opinaban.
Los médicos eran más cautos. Está muy delicado, me decían, no está fuera de peligro, me advertían, puede quedar con daño grave, auguraban. Los siguientes días me llevaron en zozobra por un camino de incertidumbre en que no sabía que pedirle al buen Dios. (Cómo si de mi dependiera lo que te tenía deparada la vida). Una parte de mi se aferraba a pedir que te quedes, otra, mas serena, rogaba por lo que fuera mejor para ti. Y así transcurrió toda la semana, contigo internado, inconsciente, sin poder verte, lamentando sobre todo no poder acompañarte, que te fueras a sentir solo ahí. No se permitían visitas, solo podía recibir noticias por vía telefónica lo cual hacía mas dolorosa la espera. Hasta que el miércoles 11 trajo la temida noticia, su esposo ha fallecido.
Algo en mi interior me dice que en realidad te fuiste el 4. Ahí te vi, te sentí, me despedí. Nuestras almas se encontraron, se comunicaron y ahí mismo marchaste. Mantuvieron tus signos vitales, mas tu alma ya había volado. Esa semana me preparó para aceptar tu partida y agradezco por ello. Agradezco haberme despedido de ti, agradezco haber compartido mi vida contigo. Tu mirada me acompaña siempre, tu mirada y tu voz. Tu voz bromeando, tu voz cantando, tu voz celebrando, tu voz amando.
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Qué hondura y qué verdad hay en tus palabras, Cecilia.
ResponderEliminarLeer este recuerdo tan íntimo es como asomarse a un corazón que sigue amando con la misma fuerza con la que aprendió a despedirse. Has convertido el dolor en un testimonio de gratitud, y eso es un acto de enorme valentía.
La forma en que narras esos días (la incertidumbre, la esperanza, la despedida, la aceptación), conmueve porque no hay artificio, solo vida vivida y amor que permanece. Tu mirada hacia él, hacia lo compartido, ilumina incluso los momentos más duros.
Gracias por abrir esta ventana a tus sentimientos. Lo que escribes no solo honra su memoria, también nos recuerda la belleza de los vínculos que dejan huella y siguen acompañando más allá de la ausencia.
Un abrazo lleno de respeto y admiración.