Querido amor, un post de un amigo me hizo pensar en ti. Hablaba él de como a partir de cierta edad hay preocupaciones que nos rondan, y pueden hasta frenarnos o bloquearnos en nuestro diario vivir. Y pensé en ti, y el entusiasmo con que viviste los últimos años. Estudiando, aprendiendo cosas nuevas, creando, planeando lo que harías con tus nuevos conocimientos. Mecatrónica, redes, inteligencia artificial, vivienda inteligente, todos conceptos nuevos que ibas interiorizando e imaginando cuanto harías.
Todo querías saber, todo querías aprender, siempre tenías cosas nuevas que contarme de cuanto leías, escuchabas, veías. Todo desde tu guarida, pues ya no te apetecía salir ni socializar. Pero ahí en casa, que bien que te habías creado un mundo a tu medida.
Conseguías virtualmente becas y estudiabas con gran ahínco. Eras el mayor siempre, pero no te amilanabas, te sentías contento de aprender.
Tu partida sorpresiva dejó tus planes truncos, pero ahora mirando en retrospectiva, me alegra que tuvieras planes hasta el final. Ahí quedaron en casa, en posición listas, las herramientas que usarías al día siguiente para un cableado que estabas planeando hacer. Quedó tu PC sellada que estrenarías en este proyecto y que a mi me tomó dos años de lucha interna animarme a abrir y utilizar, me apenaba que no la hubieras estrenado tú. Cables, dispositivos, herramientas, cada detalle planeado. Ahí están. Los veo y me recuerdan tu entusiasmo, tu certeza de cuanto lograrías hacer.
Los primeros tiempos me apenaba ver tus proyectos truncos, ahora los recuerdo con alegría porque significa que hasta el final viviste contento, con proyectos y planes. Los médicos me advirtieron tanto de un posible deterioro si sobrevivías que me hubiera apenado mucho que te sintieras ajeno a tus planes. Te amo mucho, y te recuerdo más. Un besito como los que solías darme antes de dormir.

Qué hermoso y qué hondo lo que compartes, Cecilia. Hay algo muy conmovedor en esa mezcla de dolor y gratitud con la que miras ahora los proyectos que él dejó a medio hacer. No como una herida abierta, sino como la prueba luminosa de que hasta el final siguió soñando, aprendiendo, imaginando futuros posibles. Tus palabras convierten cada cable, cada herramienta, cada idea que quedó en pausa en un gesto de amor que todavía respira en la casa. Y es muy bello cómo reconoces que, aunque su partida truncó esos planes, no truncó su entusiasmo ni su manera de estar en el mundo. Leerlo así, desde tu voz serena y fiel, hace que su ausencia pese menos y su vida pese más.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
Hola Enrique, justamente así es como lo siento. Me gusta que halla mantenido su entusiasmo, sus planes, sus proyectos hasta el final.
EliminarUn abrazo grande y gracias por tu compañía.
Cecilia, (veo que ETF, te llama Cecilia) que hombre maravilloso fue tu marido, yo creo que era una gran persona que resolvia todo, en su propia vida y en la de su familia, cumplio su funcion, y se fue en paz; Dios lo necesitaba y lo llamo para una mision especial.
ResponderEliminarUn abrazo grande.
Hola Hada de las Rosas, si, soy Cecilia. Me agrada mucho saber, sentir, que se fue en paz a celebrar su banquete añorado al lado de su buen Dios.
EliminarUn abrazote!
Bueno, me parece un recuerdo, o recuerdos que están ahí en tu vida para escribiendo como diálogo, de cuando en vez, estoy por asegurar que vivió como el quiso.
ResponderEliminarTe felicito de nuevo y te admiro.
Un abrazo agradecido. Felicidades por ser abuela.
Yo te gano, soy bisabuela
Hola Marina, que emoción ser bisabuela! Felicidades! Te mando un abrazo grande!!
Eliminar