04 abril 2026

Al otro lado de la puerta....


 

Querido amor, en días pasados le llegó el turno de partir a un compañero del coro, un amigo muy alegre, muy vital, con mucha chispa, y una potente voz que siempre resaltaba en nuestros ensayos.  Le honramos y acompañamos cantando en su misa de despedida que fue muy emotiva. El y su esposa fueron miembros fundadores del coro, y siempre los sentí cercanos.  

Cantamos con el sentimiento a flor de piel, y haciendo un gran esfuerzo por evitar que la emoción nos gane y poder seguir.  Como última canción entonamos Amazing Grace, y su voz resonaba en mi mente junto con la nuestra, ahí las lágrimas de emoción fueron inevitables, como inevitable fue recordar cuando te despedimos y ellos nos acompañaron con su canto y su cariño.

Algo que me tocó muy de cerca fue  una frase del predicador . Dijo que cuando uno muere, no deja de existir, pasa a otro plano, y su alma esta al otro lado de la puerta. Esa frase me quedó dando vueltas.  Nunca lo había visto así, pero efectivamente, así lo siento. Por eso no me siento sola, y me provoca escribirte y contarte cosas, y cuando algo me sucede siento tu cercanía. 

Te mando un abrazo enorme y muchos besos con amor.

1 comentario:

  1. Muestras una profundidad serena, Cecilia, con este texto. Logras transformar un momento de despedida en un espacio de luz, donde la emoción no pesa: acompaña. La imagen del alma “al otro lado de la puerta” es de una belleza sencilla y poderosa, y entiendo perfectamente por qué se te quedó resonando. Hay frases que llegan para quedarse, igual que las voces queridas que seguimos escuchando aunque ya no estén físicamente.
    Tu manera de enlazar la memoria de tu compañero del coro con la presencia constante de tu amor es de una sensibilidad que conmueve. Se siente ese hilo invisible que sigue uniendo, esa cercanía que no se pierde porque nace de lo vivido y de lo que aún late dentro.
    Gracias por compartir algo tan íntimo con tanta claridad y verdad. Tus palabras dejan un eco cálido.
    Un fuerte abrazo, Cecilia.

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